22.11.10

Una semilla, una idea...


En una pequeña semilla no existe ningún árbol; pero sí existe en ella la idea, siempre presente, de árbol. La seilla no puede moverse por sí sola, ni pedir ayuda, ni siquiera pensar por sí misma, pero puede aferrarse a esa idea, y lo hace. Cuando la semilla es vencida y enterrada por su entorno, comienza a expresar la idea. No se queja ni anhela más de lo que tiene, pero aprovecha lo que sí tiene para ascender y poner de manifiesto la idea, la idea de árbol que contiene en cada una de sus fibras. Ante una fuerte tormenta no teme ni se esconde, sino que la aprovecha para continuar expresando la idea que tiene de un árbol poderoso. Cuando el terrible sol golpea fuerte, la semilla toma esa energía y la aplica de manera productiva, transformando su idea en realidad.


Y poco a poco, célula a célula, la idea de árbol comienza a convertirse en árbol. Aparecen adversidades y desafíos, sin embargo esa idea persevera y el árbol que constituye su objetivo crece más grande y fuerte aún. La idea en la semilla se convierte en un roble imponente. Lo hace usando solamente los recursos que casualmente llegan a ella. Vos tenés una enorme ventaja por sobre la semilla, porque podés pensar, porque podés aprender, podés moverte y mover las cosas que te rodean. Solamente imaginá, entonces, cuánto más maravillosamente podés expresar tus propios sueños e ideas, aprovechando positivamente cualquier cosa que pueda cruzarse en tu camino.


A.A.

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